12 de junio de 2014

Que viene al pelo

"Pero, entonces, la plebe murmuraba que se había multiplicado su servidumbre; que, en lugar de uno, tenían cien amos. Daba la impresión de que no iban a aceptar otra cosa que un rey, y nombrado por ellos. Los senadores, al percibir esta agitación, comprendieron que había que adelantarse a ofrecer lo que iban a perder, y así se granjean el favor del pueblo dejándole disponer del poder supremo, conservando en realidad, más derechos de los que cedían. En efecto, determinaron que la designación del rey hecha por el pueblo sería válida únicamente si los senadores la sancionaban".

Tito Livio, Historia de Roma desde su fundación,
traducción de J. A. Villar
 

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